Por Julio César Romero Magliocca

Fundador y director de revista Raíces

La figura de Pedro Cassaballe permanece hoy casi perdida entre las sombras de la memoria urbana de Montevideo. Sin embargo, detrás del nombre deformado por décadas en el nomenclátor capitalino —donde aparece como “Casavalle”— existió un hombre real, documentado históricamente, cuya actuación estuvo vinculada a algunos de los episodios más importantes del proceso revolucionario oriental y de los primeros años del artiguismo.

Oriundo de Buenos Aires, hijo de Mariano Cassaballe y Ana Durán, Pedro Cassaballe se encontraba ya avecindado en Montevideo el 6 de febrero de 1795. Contrajo matrimonio con María Aniceta Vázquez de España Palacios y desarrolló rápidamente una posición económica destacada como hacendado y productor rural.

El 8 de junio de 1803 adquirió dos suertes de chacra sobre el arroyo Miguelete, propiedad que marcaría para siempre la historia de la zona. Aquella extensa chacra, ubicada en el actual entorno de Camino General Leandro Gómez, se convertiría con el paso del tiempo en referencia territorial y política de toda la región. La documentación histórica demuestra que el apellido correcto era “Cassaballe”, tal como surge de su propia firma conservada en actas y documentos de la época, aunque posteriormente el nomenclátor montevideano consolidó la forma errónea “Casavalle”.

Ese mismo año 1803, Pedro Cassaballe participó de la histórica reunión de hacendados de la Banda Oriental convocada por el gobernador Pascual Ruiz Huidobro. En aquella asamblea realizada en el fuerte de Montevideo estuvieron presentes 83 estancieros para designar representantes del gremio rural, y la firma de Cassaballe figura al pie del acta del 16 de diciembre de 1803. Este hecho evidencia que ya era considerado un vecino influyente dentro de la campaña oriental.

Durante las invasiones inglesas de 1806, volvió a aparecer comprometido con la defensa del territorio. Las fuentes históricas señalan que se incorporó voluntariamente al regimiento de defensa con seis hombres costeados de su propio peculio, actuando sin percibir paga alguna. Esta actitud refleja el perfil de aquellos vecinos hacendados que asumieron la defensa de Montevideo como una responsabilidad personal y colectiva.

Sin embargo, la actuación más trascendente de Pedro Cassaballe se produjo durante los años revolucionarios iniciados en 1811. Luego de la victoria de José Gervasio Artigas en la Batalla de Las Piedras y del posterior sitio de Montevideo, el gobernador español Francisco Javier de Elío ordenó la expulsión de familias sospechadas de simpatizar con la causa revolucionaria. Entre los expulsados se encontraban varios religiosos franciscanos.

Aquellos frailes, perseguidos y obligados a abandonar la ciudad en condiciones extremadamente precarias, encontraron refugio en la casa quinta de Pedro Cassaballe. La denominada “Casa Morada” se transformó entonces en un espacio de acogida y hospitalidad para religiosos y patriotas vinculados a la causa artiguista. Entre quienes permanecieron allí figuraban Valeriano Fleytas, Lorenzo Santos, Francisco Díaz Vélez, Joaquín Posse, José Benito Lamas y otros integrantes de la orden franciscana.

Los propios religiosos dejaron constancia escrita del trato recibido, calificando a Cassaballe como un hombre “verdaderamente cristiano y piadoso”. Ese testimonio constituye una de las referencias más importantes sobre su personalidad y compromiso humano en tiempos de persecución política y guerra civil.

La chacra de Cassaballe no fue solamente un establecimiento rural. Allí funcionaba además una fábrica de jabón que abastecía comercios de Montevideo y de la campaña oriental, mientras que en 1812 aparece registrado también como propietario de un establecimiento de salazón de carnes. Esto demuestra que integraba el reducido núcleo de productores y empresarios rurales que impulsaban la economía regional a comienzos del siglo XIX.

En 1813 volvió a participar activamente de los acontecimientos políticos de la Banda Oriental. Integró el grupo de vecinos y hacendados que dirigieron comunicaciones al gobierno de Buenos Aires celebrando la recuperación de los derechos de los pueblos orientales. Ese mismo año, en su propia casa se reunió un importante grupo de vecinos montevideanos para designar representantes orientales ante la Asamblea de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Su residencia pasó así a convertirse en un auténtico centro político del artiguismo temprano.

Las guerras y ocupaciones extranjeras afectaron profundamente su patrimonio. Durante la invasión portuguesa y posteriormente bajo la ocupación brasileña, su establecimiento del Miguelete fue utilizado por tropas lusitanas al mando de Lecor. La presencia militar provocó la paralización de sus actividades y el deterioro parcial de la propiedad. Años más tarde, ya empobrecido, Pedro Cassaballe reclamó ayuda económica debido al estado de desamparo en que había quedado tras las ocupaciones militares.

A pesar del deterioro sufrido, la antigua casona de Pedro Cassaballe logró sobrevivir parcialmente al paso del tiempo. Durante décadas permaneció en pie, aunque en estado ruinoso, convertida en uno de los pocos vestigios materiales vinculados directamente al período artiguista en la zona norte de Montevideo. Su historia quedó estrechamente unida a la del actual entorno de Barrio Borro y del amplio territorio que hoy suele denominarse erróneamente “Casavalle”.

La discusión sobre el apellido correcto no constituye un simple detalle ortográfico. Recuperar el nombre auténtico de Pedro Cassaballe implica también rescatar la memoria histórica de un vecino que participó activamente en los acontecimientos fundacionales de la patria oriental. El error de transcripción transformó durante décadas un apellido documentado históricamente en una denominación deformada que terminó naturalizándose en mapas, documentos oficiales y referencias urbanas.

Detrás del nombre de una calle y de una zona de Montevideo existió, en definitiva, un hombre profundamente vinculado a la historia artiguista, a la solidaridad con los perseguidos políticos, a la producción rural y a los primeros movimientos revolucionarios orientales. La recuperación histórica de Pedro Cassaballe permite devolverle identidad a una figura que forma parte del patrimonio humano y político de los orígenes nacionales uruguayos

Leave A Comment

Comparte esta historia en tus redes.