Nota realizada por Marcelo Pérez

El fútbol femenino, el respeto y el valor de la familia


Testimonio de Isabel, referente y madre de deportistas


Me preguntan por mi experiencia en el deporte y cómo veo el crecimiento del fútbol femenino en Uruguay. Tengo 58 años, y cuando jugaba hace más de 20 años era mucho más difícil: te miraban mal, te discriminaban solo por ser mujer y querer jugar a la pelota. Hoy, por suerte, noto que hay mucha más empatía y apoyo, aunque todavía queda camino por recorrer.

Tengo nueve hijos: cinco varones y cuatro mujeres. Todos pasaron por el fútbol. Mi esposo también jugó durante muchos años, así que el deporte siempre estuvo en casa. Ahora tengo una nieta de 15 años que juega desde los 8 años, empezó en el club del kilómetro 32, siguió en Juanicó, Progreso, Juventud de Las Piedras, San Rito, Racing y ahora está en River. Y ahí veo que, aunque hoy hay más oportunidades, todavía escucho comentarios discriminatorios en las canchas: “estas son marimachas”, “el fútbol no es cosa de mujeres”, cosas que duelen y que no tienen ningún sentido.

El deporte es escuela de valores

Cualquier deporte forma, enseña respeto, compañerismo y convivencia. Muchas veces la cancha es el único lugar seguro para un chico o una chica: un espacio donde dejar los problemas de casa, estar entre amigos y sentirse parte de un grupo. Por eso es fundamental el trabajo de dirigentes, técnicos y delegados: ellos son los que guían día a día para que aprendan a respetarse, a ganar con humildad y a perder con la frente en alto.

Yo siempre les enseñé a mis hijos: no importa si ganás o perdés, lo importante es cómo te comportás. Un día ganás, otro perdés, pero nunca hay que llegar a los insultos ni a la violencia. El respeto es lo primero: respeto a uno mismo, a los compañeros, a los rivales y a todas las personas que dedican su tiempo a educarlos.

El apoyo empieza en casa

Mi mensaje principal es para las familias: el apoyo es la clave. Que una niña juegue al fútbol no significa que deje de ser mujer. Al contrario: es una pasión, algo que le hace bien al cuerpo y a la mente. No hay que juzgarla ni ponerle límites por prejuicios. Si ella se siente cómoda en la cancha, hay que alentarla.

Tampoco hay que discriminar a nadie por cómo se sienta o por su forma de ser. Todas tienen derecho a jugar, a divertirse y a desarrollarse en igualdad de condiciones. El fútbol es para todos y todas, sin importar nada más que las ganas de jugar y de compartir.

Al final, lo que deja el deporte no es solo un resultado: es amistad, valores y aprendizajes para toda la vida. Y eso es lo que queremos para todas las niñas y jóvenes que hoy pisan una cancha en Uruguay.

One Comment

  1. Marcelo 30 de junio de 2026 at 22:26 - Reply

    Gracias por la oportunidad

Leave A Comment

Comparte esta historia en tus redes.