Barrio José Borro

Por Julio César Romero Magliocca

Desde hace mucho tiempo el barrio ha sido estigmatizado por la llamada “prensa roja”, aquella donde la noticia parece ser que el hombre muerda al perro y no al revés.

Lo que vende es el rojo de la sangre. Lo que impacta en los medios es cuántos balazos recibió una víctima. Muy poco se habla del verdadero barrio; de la historia silenciosa de gente trabajadora que fue levantando sus hogares a partir del remate de tierras realizado en el año 1926.

Sí, existe violencia. Esa es una gran verdad. Pero junto a la violencia de las muertes, existe otra violencia más profunda y menos visible: la de las postergaciones, la de las promesas incumplidas y la de los políticos que llegan al barrio en tiempos electorales para entregar un globo lleno de palabras que rápidamente se les escapa de las manos una vez recogidos los votos de los vecinos.

Por haber vivido más de treinta años en la zona, me atrevo a decir que hablo con cierto fundamento. Los políticos llegan allí apenas para traer un poco de luz… por un ratito.

Recuerdo una tarde en la que regresaba de mi trabajo en la Ciudad Vieja. Descendí del ómnibus en la esquina de Bertani y avenida San Martín, justo frente a lo que todos conocen como “las viviendas del Padre Cacho”. Para llegar hasta nuestras casas atravesábamos diariamente un sitio que siempre era una verdadera “boca de lobo”, denominación popular que retrata perfectamente la oscuridad del lugar.

Sin embargo, aquel día un vecino estaba instalando un enorme alógeno que iluminaba toda la cuadra, conectado directamente a los cables de la columna de alumbrado. Sorprendido, le pregunté si finalmente habían decidido iluminar la zona.

—¡Nooo! Hoy viene un político a dar una charla —me respondió.

Cabe aclarar que recién comenzaba la campaña electoral.

Decidí quedarme un rato para escuchar qué podía decir aquel dirigente. Poco después comenzaron a llegar más de diez automóviles relucientes. Entre ellos descendió el político sonriente, saludando cordialmente a todos los vecinos reunidos para la ocasión.

Comenzó entonces el discurso. Con una oratoria impecable y mirando un cielo cargado de estrellas, hablaba de mejoras para el barrio, de futuro, de oportunidades y de tantas otras promesas.

Terminada la charla llegaron nuevamente los saludos protocolares. Los diez automóviles partieron rápidamente, quizás rumbo a otro barrio donde repetirían la misma escena.

Entonces vi nuevamente al vecino subir a la escalera para descolgar el alógeno, devolviendo al lugar la oscuridad de siempre.

La luz había estado allí solamente por un ratito.

Origen del barrio

El barrio tuvo su origen en el remate de tierras pertenecientes al industrial José Borro, propietario de un establecimiento dedicado a la fabricación de cigarrillos de la marca “Guerrillero”, nombre elegido en homenaje a un caballo ganador del Hipódromo de Maroñas.

El domingo 23 de mayo de 1926, sobre las 15 horas, el Banco Popular del Uruguay llevó adelante el remate de aproximadamente doscientas quintas, una gran casa quinta desocupada y una mansión señorial. La subasta estuvo a cargo del rematador Alberto Glodoski.

Las quintas fueron ofrecidas a razón de 3, 4 y 12 pesos mensuales, sin limitación de plazos y libres de comisión para los compradores.

En su convocatoria al pueblo montevideano, Alberto Glodoski destacaba que aquellos terrenos contaban, en su mayoría, con plantaciones de eucaliptos y árboles frutales. También anunciaba que próximamente pasaría por allí el tranvía Nº 48 de La Comercial, cuyo recorrido partiría desde Brazo Largo —actual barrio Brazo Oriental— por las calles Larrañaga (hoy Luis Alberto de Herrera) y avenida San Martín.

Muchos de los primeros propietarios levantaron junto a sus viviendas pequeñas quintas familiares. Antiguos vecinos recuerdan entre ellos a Minoli, industrial del calzado que tenía su establecimiento en la zona de Goes frente a la estación tranviaria; a doña Clara de Santerain Herrera; a Pau, empresario del ramo de pulidos y encerados de pisos; así como a Ramón Pacheco y Agustín Alsina.

Durante muchos años fue un barrio tranquilo, poblado principalmente por familias trabajadoras y numerosos funcionarios públicos.

Los límites tradicionales del barrio estaban comprendidos entre las calles García Lagos, doctor Rodolfo Almeida Pintos, Camino Casavalle —actual Leandro Gómez— y la avenida San Martín.

Fuentes consultadas

* Sr. Martínez, fotógrafo del barrio con más de 60 años de permanencia en la zona.
* Libro Los Barrios de Montevideo, de Aníbal Barrios Pintos y Washington Reyes Abadie.

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