Por Julio César Romero Magliocca

EL PADRE CACHO TENDRÁ UNA CALLE CON SU NOMBRE

El 20 de agosto de 2026 quedará marcado como un día especial para quienes durante tantos años han mantenido viva la memoria del Padre Cacho. La Junta Departamental de Montevideo aprobó por unanimidad que un tramo de la calle Timbúes lleve el nombre de Padre Cacho.

Hay decisiones que van mucho más allá de una votación. Hay nombres que no solamente identifican una calle: guardan una historia, una vida y, sobre todo, la memoria de quienes fueron protagonistas de esa historia. El pasado 20 de agosto, después de atravesar las distintas instancias correspondientes dentro de la Junta Departamental de Montevideo, la iniciativa de denominar Padre Cacho a un tramo de la calle Timbúes llegó al Plenario del Legislativo Departamental. La propuesta ya había recibido el respaldo unánime de la Comisión de Nomenclatura. Finalmente, todos los ediles que integran el cuerpo departamental levantaron su mano para acompañarla.

La votación fue unánime.

De esta manera, un tramo de la calle Timbúes, desde Avenida General Flores hasta Bulevar Aparicio Saravia, llevará el nombre de quien dedicó buena parte de su vida a caminar junto a los más humildes, escuchar sus problemas y buscar, junto a ellos, caminos para transformar su realidad.Y quizás lo más significativo sea que no estamos ante una calle elegida al azar. Estamos hablando de la calle donde una parte fundamental de la historia del Padre Cacho comenzó a hacerse realidad.

UNA CALLE QUE GUARDA SU HISTORIA

Allí, junto a los vecinos, se vivieron momentos que marcaron para siempre la vida de aquel barrio. En 1979 llegó una de las primeras grandes luchas: frenar el remate de las tierras donde se levantaban aquellos ranchitos en los que vivían 78 familias. Si aquellas tierras se remataban, decenas de familias podían quedar sin su hogar.Fue entonces cuando la organización, la solidaridad y la fuerza de los vecinos permitieron enfrentar aquella situación.Y el camino continuó.Sobre esa misma calle se levantaría el Centro Comunal, un espacio nacido para los vecinos y desde los vecinos. Llegaría también el agua corriente. Se instalarían los piletones para poder lavar allí la ropa..

La calle comenzaría a ser testigo de una transformación que no se limitaba a construir viviendas o servicios: se estaba construyendo comunidad. Allí también se levantaría la veterinaria destinada a atender a los caballos utilizados por los clasificadores, porque para el Padre Cacho cada realidad debía ser mirada en su conjunto y cada persona debía ser acompañada en su dignidad. Más adelante llegaría la policlínica, destinada a atender las necesidades de los vecinos del barrio. Y sobre esa misma calle comenzarían a levantarse las viviendas de las comunidades San Vicente y Santa María. También llegarían los talleres de carpintería, cestería y herrería.Cada obra respondía a una necesidad. Cada espacio representaba una oportunidad. Cada proyecto tenía detrás el esfuerzo de muchas personas. Porque el Padre Cacho nunca entendió su tarea como la de alguien que llegaba desde afuera para solucionar los problemas de los demás.

Él caminaba con la gente.

Escuchaba. Compartía. Organizaba. Buscaba respuestas. Y, fundamentalmente, ayudaba a que los propios vecinos descubrieran que tenían fuerzas y capacidades para transformar su realidad.

AHORA SU NOMBRE QUEDARÁ EN ESA CALLE

Por eso esta decisión de la Junta Departamental tiene un significado especial. El nombre del Padre Cacho estará allí donde su historia se hizo carne. Allí donde hubo ranchitos amenazados por un remate. Allí donde los vecinos se organizaron. Allí donde llegó el agua. Allí donde se construyeron viviendas. Allí donde se atendieron enfermos. Allí donde se cuidaron los caballos de los clasificadores y las mascotas de los vecinos. Allí donde funcionaron talleres. Allí donde muchas familias encontraron un lugar digno para vivir.

Ahora, cuando alguien pregunte quién fue el Padre Cacho, habrá una calle que podrá contar parte de su historia. Una calle que no solamente llevará su nombre. Una calle que, de alguna manera, llevará sus huellas.

Desde Revista RAÍCES sentimos una enorme satisfacción por esta resolución, porque esta iniciativa nació con el deseo de que la ciudad reconociera, a través de un nombre, la obra, el compromiso y la dimensión humana de un hombre que entendió que nadie puede vivir indiferente frente a las necesidades del otro. Hoy, esa propuesta se transforma en realidad.Y quizás no exista mejor lugar para que el nombre del Padre Cacho permanezca que allí donde alguna vez, junto a los vecinos, comenzó a cambiar la historia. Porque él mismo lo resumió en una frase que continúa teniendo la misma fuerza que entonces:

TODOS DEPENDEMOS DE TODOS”.

EL PADRE CACHO ¡VIVE LLEGANDO!

El próximo 4 de setiembre se cumplirán 34 años de la Pascua de Isidro Rubén Alonso Alonso, Padre Cacho. Pero hay personas que, aunque hayan partido, nunca se van del todo.

Mientras haya un niño pidiendo, con frío o con hambre; mientras existan barrigas que chiflan de necesidad; mientras los ranchitos humildes resistan como pueden los embates del viento y la lluvia, pero también el peso de la desesperanza; mientras existan ollas populares, vecinos que tienden una mano y familias colgando del último eslabón… Cacho seguirá llegando. Porque su vida no quedó encerrada en una fecha, ni en una fotografía, ni en un recuerdo .Cacho sigue llegando cada vez que alguien se acerca al que sufre. Cada vez que una mano se extiende para ayudar. Cada vez que un vecino comparte lo poco que tiene. Cada vez que alguien entiende que la pobreza no puede convertirnos en indiferentes. A 34 años de su Pascua, los vecinos de Montevideo y de todo el Uruguay seguimos recordando y agradeciendo su compromiso con los más pobres, con aquellos que durante tantos años fueron invisibles para muchos, pero que para Cacho tenían nombre, rostro, historia y dignidad.

Cacho no se fue. Cacho sigue llegando.

Y llegará mientras haya alguien que necesite una palabra, un plato de comida, un techo, un abrazo o simplemente saber que no está solo. Desde Revista RAÍCES, seguiremos encendiendo una luz para que su memoria permanezca viva y, sobre todo, para que siga iluminando el camino. Porque cuando la solidaridad se hace acción, cuando la memoria se transforma en compromiso y cuando alguien se acerca al que más necesita, Cacho vuelve a llegar.

PADRE CACHO ¡VIVE LLEGANDO!

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