
Por Julio César Romero Magliocca
Recordar al padre Rodolfo Bonci es recordar a aquel sacerdote de la Gruta de Lourdes que hizo de la cercanía con los más humildes una verdadera forma de vida. Muchas veces el padre Cacho llegó hasta allí para buscar ayuda, compartir inquietudes, intercambiar problemas y pensar, juntos, posibles soluciones. Ambos tenían una misma convicción: estar siempre del lado de los pobres.
Rodolfo Bonci puso especial énfasis en los reclamos de los vecinos cuando los arroyos de la zona desbordaban y los ranchos precarios quedaban bajo el agua junto a las familias que los habitaban. En esos momentos no alcanzaban las palabras de consuelo. Abrió las puertas de su iglesia, esa que cobija cuando más se necesita un techo, un plato de comida, una mano tendida y una esperanza concreta.
Su firmeza contribuyó a que muchas familias pudieran vivir mejor y encontraran sentido a sus reclamos. Nunca permaneció indiferente ante las injusticias. Cuando los ómnibus dejaron de ingresar al barrio porque algunos delincuentes asaltaban a trabajadores que solo cumplían con su tarea de transportar a los vecinos, Bonci levantó su voz con valentía. Aún resuena en mi memoria aquella entrevista televisiva en la que reclamó que no siguieran castigando a quienes nada tenían que ver con esos hechos.
Con absoluta claridad expresó una frase que quedó grabada en la memoria de muchos:
«Casavalle es un reservorio de mano de obra barata; a pocos les interesa cambiar esa realidad.»
Desde su misión sacerdotal supo defender a quienes sufrían las consecuencias de la pobreza y la exclusión, porque eran sus vecinos, su gente. Entendía que no era tiempo de decir simplemente: «Recen hasta que se cumplan sus deseos». Había que denunciar las injusticias, había que hablar, dialogar e interpelar a la sociedad y a las autoridades para provocar cambios reales.
Ayer, 11 de julio de 2026, nos dejó este sacerdote italiano, nacido en Torre di Mosto, región del Véneto, el 18 de marzo de 1938. Sin embargo, su ejemplo de entrega no se va con él. Permanecerá vivo en cada gesto de solidaridad, en cada lucha por la dignidad de los más humildes y en cada persona que decida seguir sembrando esperanza donde otros solo ven dificultades. Porque Rodolfo Bonci nos enseñó que vale la pena caminar el barro, compartir la vida desde el llano y vivir, junto a los hermanos más pobres, el verdadero sentido del Evangelio.
