Sebastián

No la tuvo fácil.

Su papá fue privado de libertad.

Él fue enviado a vivir con su hermana, pero la pareja de ella, una persona violenta, terminó echándolo a la calle con amenazas.

Durante casi tres meses, cada día, le acercábamos una vianda para que pudiera comer.

Mientras tanto, seguía entrenando en el club del barrio, que no se hizo cargo de su situación.

Encontró refugio durmiendo en la casa de su director técnico, quien sí le tendió una mano cuando más lo necesitaba.

Y aún así, no se rindió.

Hoy Sebastián tiene trabajo y un pequeño lugar donde dormir. No es solo un techo… es dignidad, es empezar de nuevo.

A veces, una mano cambia una vida. Y a veces, una vida demuestra que rendirse no es una opción

Fuente: Kelly Gómez

Leave A Comment

Comparte esta historia en tus redes.