Por Julio César Romero Magliocca

UNA HISTORIA POCO CONOCIDA

CANTINFLAS, JULIO PÉREZ Y LA CAMISETA NÚMERO 8

Por Julio César Romero Magliocca

Hay historias que el tiempo deja escondidas entre los pliegues de la memoria. Esta es una de ellas. Une al más grande humorista de América Latina, al héroe uruguayo de Maracaná y a una camiseta que desapareció antes de la final del Mundial de 1950 para reaparecer, inesperadamente, en manos de Mario Moreno “Cantinflas”.

EL HOMBRE QUE HIZO REÍR A TODO UN CONTINENTE

Mario Moreno Reyes nació en 1911 en la popular Colonia Guerrero, en Ciudad de México, en plena Revolución Mexicana. Proveniente de una familia humilde, desempeñó numerosos oficios antes de descubrir su verdadera vocación artística.

Fue lustrabotas, cartero, boxeador ocasional y amante del teatro, el baile y las corridas de toros. A los 16 años comenzó a actuar en las tradicionales carpas mexicanas, donde dio vida al personaje del “peladito”, representación del hombre sencillo de los barrios populares.

Primero fue “Polito”, luego “Cantinflitas” y finalmente nació Cantinflas, el personaje que inmortalizó el famoso “cantinfleo”: el arte de hablar mucho sin decir aparentemente nada, desarmando con ingenio a jueces, ministros, abogados y poderosos.

Con ese lenguaje desordenado pero profundamente inteligente, Cantinflas se convirtió en la voz de quienes pocas veces eran escuchados.

SU ENCUENTRO CON URUGUAY

En febrero de 1951 visitó Uruguay para participar en el Primer Festival Internacional de Cine de Punta del Este.

Durante su estadía también recorrió Montevideo y fue invitado a un programa radial conducido por el reconocido periodista Nobel Valentini.

Lo que ocurrió al finalizar aquella entrevista es una historia que prácticamente nadie conoce.

LA CAMISETA PERDIDA DE MARACANÁ

Quienes observan detenidamente las imágenes de la final del Mundial de 1950 advertirán un detalle singular en la camiseta número 8 de Julio “Pata Loca” Pérez: el número había sido confeccionado con un parche.

La explicación es extraordinaria.

Pocos días antes de la final, la camiseta original había desaparecido misteriosamente. Ante la urgencia, el histórico equipier Matucho Fígoli recortó el número 8 de una camiseta número 18 y lo cosió sobre otra casaca.

Con esa camiseta improvisada, Julio Pérez disputó uno de los partidos más memorables de la historia del fútbol mundial.

Al regresar a Uruguay, esa camiseta fue ofrecida como promesa a San Cono, en la ciudad de Florida.

EL ROBO DEL SIGLO

En julio de 1980 la capilla de San Cono sufrió un espectacular robo.

Los delincuentes se llevaron joyas, alhajas, objetos religiosos y numerosas ofrendas realizadas por los campeones del mundo de 1950.

Entre ellas desaparecieron los botines de Alcides Ghiggia y otros recuerdos históricos.

Sin embargo, ocurrió algo casi milagroso.

La camiseta que Julio Pérez había utilizado en la final de Maracaná permaneció intacta y aún hoy continúa conservándose en la capilla.

¿Y LA CAMISETA ORIGINAL?

La respuesta apareció, inesperadamente, gracias a Cantinflas.

Al despedirse del programa radial que conducía Nobel Valentini, el periodista decidió obsequiarle una camiseta celeste número 8 perteneciente al campeón del mundo de Maracaná.

Era precisamente la camiseta original que había desaparecido antes de la final.

Julio Pérez escuchaba aquella transmisión junto a su esposa, Gladys Castro.

Al enterarse del obsequio, ambos se miraron sorprendidos.

—¡Mirá… apareció la camiseta!

Décadas después tuve el privilegio de escuchar este relato directamente de Julio Pérez y de Gladys Castro, quien además conservaba documentación periodística sobre aquella historia.

En una de las fotografías que acompañan este trabajo puede verse a Gladys mostrando un antiguo recorte donde aparece la camiseta ofrecida a San Cono, la misma que sobrevivió al robo de 1980 y que hoy constituye uno de los testimonios más valiosos de la gesta de Maracaná.

No deja de ser una extraordinaria paradoja del destino.

La camiseta original terminó como obsequio para Cantinflas, mientras que la camiseta improvisada con la que Julio Pérez disputó la final más importante de la historia del fútbol uruguayo logró sobrevivir al paso del tiempo.

Como afirmaba el gran capitán Jacinto Obdulio Varela, el mejor jugador de aquella inolvidable final vistió la camiseta número 8.

Y esa camiseta sigue contando, silenciosamente, una historia que muy pocos conocen.

En el año 1953 , Mario Moreno “Cantinflas” – Presidente Honorario del Club América de México – , dona la camiseta que fuera de Julio Pérez al Club de sus amores.

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